AGITADORAS

 

PORTADA

 

AGITANDO

 

CONTACTO

 

NOSOTROS

       

ISSN 1989-4163

NUMERO 102 - ABRIL 2019

 

Túnez

Inés Matute

Nada parecía afectar al guía, siempre comedido y distante. Ni la insistencia con la que algunas señoras preguntaban cuántos kilómetros faltaban para llegar al oasis- que en nada nos  recordó a los remansos de paz y verdor de los libros de texto, pues ni los tenderetes de venta de minerales ni los escanciadores de té que por allí pululaban confirmaban el prometido paisaje- ni nuestras constantes demandas de agua, de un aire acondicionado más potente o de una parada extra para comprar “cuernos de gacela”, pequeñas delicias de pasta rellenas de miel y pistachos troceados.

Túnez nos había decepcionado; quizás debido a un error en el planteamiento del itinerario, que pretendía abarcarlo todo (hoy sabemos que el Suroeste del país es un erial) sin profundizar en nada. Mi amiga y yo no necesitamos los 1400 kilómetros de autocar renqueante para saber que de ese viaje siempre recordaríamos los inmensos campos de olivos cuidados más por Dios que por los aldeanos, las cabezas de dromedarios colgando en ganchos a escasos metros de las parrillas donde su carne era asada, la decepción del  poblado destartalado donde se rodó “La guerra de las galaxias”, las cuevas trogloditas donde nos ofrecieron una comida mucho más digna y sabrosa que la de varios hoteles en los que nos alojamos. También recordaríamos las bolsas de plástico y otros desperdicios rodando sobre la arena del desierto cuando soplaba el viento, mientras los niños locales nos perseguían con  animalillos sucios y enfermos que nos ofrecían a cambio de cinco dinares para ser inmortalizados en una foto.

La categoría de las cinco estrellas en Túnez no significa lo mismo que en Europa: secadores de pelo rotos, wifis inoperativas, bañeras sin tapón para evitar la tentación de ser llenadas, mantas estilo cuartel y alguna que otra cucachara excursionista servían de contrapunto a recepciones de mármol blanco y apliques dorados donde el concepto del lujo colisionaba con lo que encontramos luego en las zonas privadas. También recordaríamos, lo supimos muy pronto, esa pasta roja de apariencia inofensiva que le ponen a todas las carnes y que pica como un festival de guindillas. Y el baño en el hamman, donde dos mujeronas inmensas, en bragas, nos exfoliaron sobre una esterilla que olía a pies mientras hacían comentarios jocosos en árabe justo antes de embadurnarnos con una pasta verdosa.

El norte y las zonas costeras, más turísticas y por lo tanto más civilizadas, sí ofrecieron lo prometido: espectaculares ruinas romanas, complejos hoteleros donde el Imserso de los franceses pasa los meses más fríos y una conexión a Internet  decente. Con todo, acabamos pensando que el nuestro había sido en realidad un viaje interior con el desierto por todo escenario, con esas arenas llenas de basura que el autocar nos descubría durante horas y horas de silencio introspectivo, de estar cada una a sus cosas, mientras oíamos sin querer el   ronroneo de otras conversaciones. “Todo sucede por algún motivo” murmuraba la viejita experimentada que solía ser la primera en trepar a lomos de un dromedario o en escalar una pared rocosa con tal de ver una raquítica cascada. “A mí, hija, ya solo me para Dios”, ese era su lema y lo llevaba a rajatabla. No era la única anciana intrépida de grupo: nada había en ellas ni torpe, ni lento, ni indiferente.

Un vuelo de hora y media conecta la capital de Túnez con Barcelona.  Pero estuvimos nueve horas retenidos en el aeropuerto sin que nadie nos diera explicaciones. Sí nos dieron un bocadillo con mucho pepino y mortadela y una botella de agua caliente. Luego supimos que en dicha compañía aérea- Tunisair-  el descontrol y los retrasos son norma de la casa.  Perdimos la conexión  nocturna a Palma. Se nos alojó en un hotel cercano al Prat del que apenas guardo recuerdo. No sé cuán positivo es salir de vez en cuando de nuestras respectivas zonas de confort, pero quiero creer que, tal y como decía la abuelita Nelly, “todo ocurre por algo”.

 

 

 


 

 

Túnez 

 

 

 
@ Agitadoras.com 2019